Ella era todo lo que él podía creer que era suficiente para completar su vida. Ella no pensaba igual, de hecho no podía creer que alguien tan feo (en el sentido menos ofensivo de la palabra) estuviera frente a ella pidiendo algo que en ningún mundo posible era imaginable que sucediera.El ruido externo se silenció para ambos, había zumbidos en sus cabezas.

El hombre miró los ojos grises de su ensoñación, y ella con una mueca sarcastica que no podía percibir ni para sí misma esperaba no tener que responder a nada, se quedó inmóvil mientras trataba de escapar en una nave mental a otro mundo y a otra época.

Si, él era feo pero sobre todo era un desconocido para ella. Desde aquel ayer en que por primera vez la vió solo se dedicó a mirarla desde la ventana y desde la distancia comenzó a imaginar miles de escenarios felices a su lado.

Si ella era bonita o fea no importaba, ella creía que no podía haber alguien menos agraciado que el sujeto bajo y despeinado que estaba frente a ella que además tenía el peor gusto para seleccionar flores.

Aunque él había ensayado frente al espejo esta situación que ahora se tornaba incómoda el corazón se le aceleraba impacientemente, quizá había confudido el orden del guión original porque lo primero que pidió fue un abrazo. ¡Vaya inicio!

Ella no quería decir nada, no se sentía poderosa ni halagada pero tampoco ofendida. Los minutos parecían hacerse tan largos que casí podia sentir cómo crecían los cabellos de su cabeza. De fondo escuchaba el segundero del reloj,sentía que se le revolvía el estómago, le sudaban las manos…comenzó a sentirse fea. Realmente no importaba si ella era bonita o fea, se sentía fea por que un sujeto que ella consideraba feo estaba frente a ella pidiendo algo inimaginable, un detalle cuidadosamente reservado para ese príncipe azul que nunca llegó.

Por fin, uno de ellos se atevió a mover una pieza. Él se arregló nerviosamente la revuelta cabellera, sonrió triunfalmente, hizo una reverencia algo caricaturesca, dejó el ramo de flores sobre la mesa y salió de la cafetería sin pretensiones de mirar atrás.

Ante este acto, ella se tocó los bolsillos de la gabardina como si había perdido algo, palpó su estómago,frente y manos,creía tener el rostro hinchado y la piel pegajosa por el sudor. Las fuerzas de sus piernas cedieron y volvió a sentarse, tratando de no pensar en los ojos de las personas que susurraban a su espalda, que reían a hurtadillas y habían encontrado un motivo de entretenimiento en la escena extraordinaria que pasaba frente a ellos, sintió un cosquilleo doloroso en el puente de la nariz y sus ojos se sentían explotar…entonces las lágrimas aflojaron.

No podía parar, y no sabía explicar el porqué de ese llanto tan inoportuno,se sintió realmente sola y todo se volvió más gris que de costumbre…hubiera querido que volviera aquel feo, quizá ahora tendría algo que decir.