Bernardo está nervioso, es su primer cita en años y no sabe bien que esperar, ninguno de sus amigos le había podido hacer alguna recomendación y de hecho más de uno se había mostrado escéptico.
Durante años había jurado no buscar el amor en internet, pensó que la forma tradicional podría funcionarle algún día pero el tiempo no le favoreció y mientras más se ponía viejo, más consideraba la posibilidad de retractarse de su antiguo juramento.
Ahora ya no tenía muchas posibilidades de interactuar y conocer gente diferente, su ambiente se había reducido a unas cuantas personas poco interesantes en la oficina y ya que era el único sin algo serio en años, decidió sumergirse en el modernizado juego de la selección natural.
Por supuesto, pese a haber faltado a su juramento de juventud, decidió no caer en el embellecimiento artificial y exagerado del perfil y subió la foto más natural posible e incluyo uno que otro defecto en su descripción
Quería asegurarse de que la comunidad no lo juzgara por ni siquiera intentarlo, pero por otro lado, no quería “triunfar” ni pensar remotamente que tendría alguna posibilidad, pensaba que ser optimista en exceso podría ser una trampa engañosa y el pesimismo excesivo podría hacer creer a otros con el derecho de juzgarlo. Así pues, decidió mantener un perfil sobrio y aburrido.
Julia tampoco había tenido suerte en el amor y de no haber sido por las presiones de sus amigas y familiares, habría seguido con su papel de “joven madura moderna e independiente y empoderada” o en términos simples y autoconvincentes “la que no necesita un hombre para ser feliz”
Al principio, es decir en sus veinte había resultado sencillo mantener la imagen de ser una mujer como muchas otras en esa edad que prefieren no caer en la desesperación y tomarse su tiempo en los asuntos del corazón. Por supuesto que había tenido encuentros con otros hombres en los últimos años, pero nada era suficientemente serio.
Ahora que estaba acercándose peligrosamente a la mitad de sus treinta sentía más inseguridades y miedos que nunca. Ya poco quedaba de ese círculo de amigas que desafiaría las reglas no escritas sobre la procreación, el casamiento y la heterosexualidad como condiciones de normalidad.
Muchas de esas antiguas compañeras de revueltas escolares e idas a bares y conciertos, esas soñadoras, alborotadoras, “histéricas y locas” ahora habían sentado cabeza y tenían hijos, se casaban o tenían planes para ello y optaban por una vida más relajada. La adolescencia, aún la tardía ya había acabado para ellas hace muchos años.
No juzgar abierta ni premeditadamente y no instigar al otro a adoptar un estilo de vida ajeno a sí mismo: eran las mínimas condiciones de respeto entre Julia y sus amigas.Pero todo eso acabó el día que Emma tomo las riendas del asunto y decidió tener una charla con su mejor amiga.
- Julia, querida- comenzó Emma con tono maternal- nos conocemos hace ya mucho tiempo y hasta ahora he sido paciente porque se que aún en nuestros tiempos es difícil ser uno mismo. Hemos vivido tantas cosas juntas y aún no logro descubrirte del todo. Se que no te gusta hablar mucho de tí pero dime ya la verdad ¿Es verdad que después de todos estos años no te interesa tener novios o es que en realidad te gustan las chicas?Dime la verdad, no te juzgaré.
Algo se quebró en Julia ese día, y se quebró en su amistad de años con Emma. Cierto era que Julia no hablaba de esos temas con sus amigas, por considerarlos superficiales y con tendencia a la alineación. Y se preguntaba ¿Por qué ahora el repentino giro? Y , ¿Por qué Emma, de entre todas las personas simples y vulgares?
-Lo cierto es que no puedo darte una respuesta concreta porque hasta ahora no había tenido tiempo de pensar en ello- respondió Julia ruborizada, tratando de controlar la ira, el desconcierto y la decepción que le había producido la pregunta de Emma- Lo cierto es ,Emma ,que hace mucho decidí que no obedecería a los binarismos ni a las etiquetas y he decidido de alguna forma solo esperar pacientemente a que llegue el amor cuando esté deba llegar, pienso que entre menos deterministas sean mis expectativas podría darle más oportunidades a qué llegue en cualquiera de su formas posibles y así simplemente lo sabré por mi corazón y no por mis prejuicios- durante años Julia ya había preparado y pulido este pequeño discurso y por lo pronto parecía satisfacer la curiosidad de la gente, pero tener que decírselo a Emma se sentía distinto, sentía como poco a poco se edificaba un gran muro entre ellas.
El tema era que a Julia le pesaba mucho tener que dar una respuesta al asunto de sus preferencias sexuales, porque en lo que a ella concernía a lo que realmente le tenía miedo era a los compromisos y a dedicar su tiempo y energía al cuidado y protección de otra persona que no fuera ella misma. Simplemente no le veía objeto a tener algún tipo de relación íntima o compromiso con otra persona y si algo algo sabía de ella misma era que nunca se permitiría caer en los autoengaños del enamoramiento, que para eso -se decía en sus adentros-“ya no tenía edad”
Había instalado y desinstalado numerosas veces la aplicación de citas en su teléfono, y le tomó otro tanto más realizar los demás procedimientos solicitados en su registro como “joven apasionada por el arte y la fotografía, amo la naturaleza, soy alérgica a los gatos” Había tratado de ser lo más auténtica y original posible, pero igualmente no guardaba demasiadas esperanzas.
Concretar su cita con Bernardo fue no del todo sencillo, su fotografía era francamente aburrida y poco reveladora pero fue el quien dio el primer paso y al principio pensó que solo se restringirán a la charla virtual porque era cómoda y un gran paso en su vida pero intimidaba un poco la idea de ir más allá. Lo cierto es que pensó en Bernardo no como una amenaza ni como un posible candidato, simplemente pensó en el como otro pretexto más para presumir a sus amigas que lo estaba intentando, una forma de aliviar la presión que ejercía el mundo de las expectativas de los adultos.
Aún en los últimos momentos, Bernardo pensó en no acudir a la cita con Julia, no se sentía listo y seguía prefiriendo la comodidad de sus sábados sentado en el sillón, jugando videojuegos en calzoncillos y comiendo lo primero que le viniera en gana. Por tanto tiempo se había acostumbrado a esta rutina que ahora le parecía una molestia tener que vestirse, bañarse, perfumarse y prepararse para un encuentro con pocas expectativas de triunfo. ¿Por qué todo siempre se trataba sobre el éxito o el fracaso?
Aunque prometió no ser prejuicioso ni superficial al mirar a Julia pensó en que las fotos que había visto de ella no hacían justicia de su simpatía, que era algo más alta de lo que creía y sus ojeras eran mucho más pronunciadas en vivo aunque no le quitaban atractivo sino que de hecho le daban un toque de misterio y autenticidad.Lo que más le sorprendió de ella fue su voz, que era algo masculina aunque no demasiado, lo intimidaba un poco, porque a él siempre lo habían juzgado por su voz adolescente que nunca maduró del todo y siempre le jugaba algún tropiezo especialmente cuando se ponía nervioso. Ahora se sentía sumamente nervioso, le sudaban las manos y sentía el pulso en sus sienes. La saludó tímidamente, quería causar buena impresión pero sintió que quizá no debía exagerar mucho en sus gestos, después de todo ambos estaban pasando por el respectivo escáner mental del otro y hacer los mínimos movimientos quizá haría que pudiera pasar la prueba de la primera impresión.
Julia tampoco había querido ser efusiva en su primer encuentro, hasta ahora habían charlado amenamente vía texto ahora que se miraban cara a cara sentía más la necesidad de usar sus protecciones mentales y su sentido de autopreservación le indicaba ser mas precavida y objetiva con todo lo dijera y todo lo que oyera, el era y seguía siendo un extraño y de alguna forma su primer cita se trataría sobre descartar las charlas anteriores y de buscar congruencia entre el discurso escrito y el hablado. Esta era para ambos la primera prueba de confianza y sinceridad.
Acordaron que su primer encuentro no sería una cita, a ambos les asustaba la idea de tener que ir al grano y enfocarse en los detalles íntimos con pretensiones de establecer una relación de pareja. Es verdad que la aplicación tenía su propio y explícito objetivo pero acordaron momentáneamente dejarlo de lado. ¿Es que se estaba mal conformarse con ello? ¿Estaban siendo infantiles y evasivos? ¿Habían olvidado el objetivo principal de la cacería?
Terminaron la cita casi al anochecer y se acompañaron en el vagón del subterráneo hasta donde se bifurcaban sus caminos. Se despidieron con un abrazo y se desearon la mejor de las suertes, se miraron con confidencialidad, de antemano sabían que era la última vez que se verían y no había necesidad de volver a escribirse o de pretextar la falta de interés mutuo.
¿Es que era feo o tenía algún defecto de carácter? - preguntó Emma con sorpresa
-No lo era, y fue muy amable- respondió Julia
-
Pudiste darle otra oportunidad, y acaso con el tiempo habrían hecho una conexión más profunda, pero el ¿simplemente no volvió a escribir?
-
Yo le pedí que no lo hiciera y fue bastante comprensivo, es solo que no me resultó del todo un candidato apropiado para mí
-Tienes razón querida, quizá la próxima vez encuentres algo mejor, hay muchos otros allá afuera y seguro encontrarás algo que te favorezca en más de un sentido.
-Seguro que si, gracias por tus ánimos y recomendaciones -
Julia no había querido sonar pedante, pero era la única forma de quitarse a Emma de la yugular, decir que Bernardo no era apropiado era algo que no habría querido decir porque la “cita” había resultado de mil maravillas pues al menos no fue un secuestrador o un acosador con quién tuvo su primer encuentro, y de hecho se consideraba afortunada por haberse encontrado con una persona real en medio de tantas personas falsas.
Había aceptado la invitación de Bernardo porque su foto no tenía filtros, su pose era de lo más aburrida y por qué la descripción de él encajaba perfectamente con su propio estado mental:
“Busco cumplir el requisito mínimo para que me dejen de molestar un rato”.