De modo que has venido, y me pregunto si esta vez vas a llevarme o has preferido seguir castigandome con tus oportunidades. Sabes que usualmente no me molesta que estes al acecho, escondida entre los matorrales, paciente y juguetona. He estado pensando que sería algo cruel que dieras tu golpe final en el justo momento en que yo comience a moverme, y he llegado a convencerme que es justo lo que estas esperando, porque, después de todo no existen las casualidades en este mundo. Y me pregunto porque te diviertes tanto saltando en cada pulso de mi corazón, bailas sin censura y me rodeas con tus brazos mientras duermo. Casi puedo escuchar tus risillas entre cada exhalación. Te deseo y te temo, aunque a veces pueda intentar olvidarte a propósito, tu nunca te alejas demasiado tiempo y soplas como tormenta en mi interior. Todos los días me pregunto ¿Hasta cuando te aburrirás de estar tanto tiempo a mi lado y por fin vas mirarme a los ojos? ¿Será que al final de los tiempos, me llevaré mis sueños intactos? Me marcharé sin dejar rastro alguno de mi ínfima existencia, con la cuenta pendiente de acumular tanto tiempo en el mismo espacio, un espacio vacío y sin sentido, una gota de tinta arrojada al mar.