Paulina se sentó a esperar en la sala del centro de salud. Sudor frío y ansiedad. Algunas veces pretendiendo escapar mentalmente pero regresando con cada timbrazo del contado de visitas y pase de turno, mirando las manecillas del reloj y escapando a las miradas del resto de pacientes.
Por fin la llaman por su nombre y exaltada se desprende del mullido asiento. Toma su morral y se dirije directo a la puerta del consultorio. Pregunta impostergable: ¿cómo te encuentras hoy?, Paulina sabe la regla “no se dice ni bien ni mal a secas”, escarba en la lista de adjetivos que investigó en internet la semana pasada. Se siente obligada a responder alguna cosa que le haga pasar a otra pregunta más fácil que esta.
La terapeuta sonríe, conoce bien a la persona que estará al frente suyo en los próximo 60 minutos, sabe que algo oculta pero igualmente lo deja pasar, debe hacerlo.Toma nota y se acomoda los lentes, se despide de su persona y personalidad, la entierra profundamente, dos vueltas de llave al candado de su corazón y deseo. Comienza la sesión.
Paulina también debe ocultar algo más, nuevos sentimientos que han nacido de su relación terapeutica. Luego de los créditos extra que obtuvo en la universidad en unas clases sumamente aburridas sobre psicología y psicoanálisis, sabe que nada de lo que siente es real, que es una fantasía incontenible pero únicamente proyectiva.
Desea poseer a esa persona que esta frente a ella, pero no hay persona que poseer, por ende, lo que anhela es solo el proyecto de una persona perfecta e inexistente. Hace meses que vio nacer esos sentimientos confusos, pero no desea ponerlos sobre la mesa de exploración porque aún necesita algo de ese arcoiris que ha salido brevemente. Igualmente reconoce que el clima cambiará y los mágicos colores desaparecérán, su inteligencia y perspicacia le recuerdan la temporalidad de dicha ilusión y los cimientos quebradizos sobre los que está construida.
La terapeuta reconoce este patrón de comportamientos; si hay vergüenza hay transferencia; si falta asociación hay transferencia.Está escrito en los libros y lo ha visto quizá unos cientos de veces desde que su quehacer profesional la ha provisto de la capacidad de mirar los patrones, las redundancias y los puntos de encuentro entre las personas. Escucha a Paulina, la aprecia desde una distancia prudente, se maravilla internamente por el increible y complejo diorama que elabora su paciente, iluminado por el acto de su propia palabra. Buscando la oportunidad de ampliar el panorama de esta paisajista, algunas veces siendo solo la moza que limpia los pinceles y renueva los papeles para que la artista pueda continuar pintando su visión pasada, presente y futura.
Paulina está profundamente agradecida con su terapeuta, enternecida por su esfuerzo y atención profesionales, a veces, triste por la fantasmalidad de esta relación. Es suficientemente inteligente para saber que no existe ningún vínculo profundo, que la sesión se verá reducida a cenizas al caer el último grano de arena, que la relación terapeutica volverá a renacer a los 30 días, día de la siguiente sesión y volverá a ser consumida por el fuego. La rueda seguirá girando hasta que el viaje llegue a su fin y esta persona que la escucha mejor que cualquier persona del mundo exterior, no la acompañará ni estará presente en ningún momento verdadero de su existencia.
Fin de la sesión. Paulina se despide de la persona que eligió para ayudarle, persona que se desvanece ante la palabra persona porque realmente no entra en esa categoría aunque si sea una persona significativa para otra personas de afuera (fuera del alcance de Paulina).
No es complicado, solo es cuestión de aceptar resignadamente, que ella es alguien que jamás conocerá. El sacrificio de perder la oportunidad de conocer a una persona, de compartir, de conversar como iguales. Sacrificio necesario por el bien mayor de evitar perder a más personas en su vida.
Un día más en el consultorio del área de psicología, las despedidas secas vuelven a enfriar el aire del consultorio. Los relojes se reinician, el timbre del siguiente paciente. Confrontaciones diarias con la humanidad.